Al terminar de teclear la palabra "compartición" queda subrayada en rojo. Error ortográfico. Es que esa palabra no aparece en ninguna de las ediciones publicadas del DRAE. Pero, según el sitio web del DRAE, va a aparecer en la siguiente edición, la vigésimo tercera. Es que las costumbres hacen leyes. Derecho consuetudinario. Así le llaman.
El Internet popularizó entre los angloparlantes la palabra "sharing", perfectamente correcta en ese idioma. Pero, cuando la práctica de compartir archivos se extendió hasta los internautas de lengua española, resulta que no había una palabra para eso y, por analogía, el pueblo, los que verdaderamente creamos el lenguaje, inventamos "compartición". Ahora los lexicógrafos de la Real Academia no pueden ignorarlo.
Hay una relación muy estrecha entre el pensamiento y el lenguaje. De tal modo que cuando un idioma posee o carece de ciertas palabras o de ciertos matices en los términos, al mismo tiempo permite o impide pensar en ciertas cosas.
Así que la idea de compartir archivos por Internet ahora es una idea bien fija, con gran pesar para los panzones empresarios que comercian con nuestra cultura popular.
Es posible discutir el tema en tres niveles: legal, político y moral.